El día de Changó (2017), de Denise Soares. por Gretel Najera

El día de Changó (Xangó) es un cortometraje de 16 minutos de Denise Soares, en el se que condensan en una misma trama narrativa varios aspectos sociales, culturales y políticos de Cuba. Changó, una de las principales y más populares divinidades yorubá, dios de la justicia, el trueno, el rayo y el fuego tiene su festejo todos los días 4 de diciembre. En esta ocasión es el mismo día en que Ana María, una joven aparentemente perteneciente a las fuerzas armadas, vuelve a su casa a visitar a su hermana menor. Mientras, al mismo tiempo está ocurriendo otro fenómeno, los cortejos fúnebres del fallecido presidente Fidel Castro, quien había muerto días atrás, pero cuyos honores se extendieron por más de 20 días en la isla.

Dos muertes atraviesan esta producción, la de la madre de la protagonista, y la de Fidel Castro. La muerte de la madre de Ana María aparece a través de los reclamos que la hermana menor le hace a Ana María, evidentemente por sus ausencias. El juego entre lo personal y lo político y social es sutil y constante, lo cual implica al espectador, obligándolo a reponer contexto.

Una serie de recursos cinematográficos bien utilizados generan en algunos momentos un cierto bienestar para el espectador: un inicio con una radio de fondo que ubica en tiempo y espacio, luego un fundido a negro para el título y después una apertura con una sucesión de planos estáticos y abiertos que muestran un barrio de Cuba, que podría ser un barrio de cualquier país latinoamericano: una niña jugando con un globo, solitaria en un balcón; tres personas mirando hacia la calle en otro balcón; y finalmente la casa donde ingresa Ana María, con inscripciones del Che Guevara y al lado de una probable peluquería. Tres imágenes potentes que transmiten texturas de clima y color.

En el comienzo, Ana María viaja en una guagua –pequeño ómnibus característico de Cuba- mientras se escucha la radio hablando de los funerales de Fidel, cuando llega a la casa y mientras llama a su hermana, la televisión muestra los cortejos también. La muerte de Fidel lo toma todo y al mismo tiempo no parece ser relevante en lo personal, aún cuando evidentemente condiciona lo social, de tal modo que los festejos de Changó deben ser pospuestos.

En las imagenes siguientes Ana María se encuentra en soledad en la casa, llama a su hermana, pero hay una ausencia que se denota momentánea por la televisión prendida y la casa abierta. La protagonista transmite una mezcla de nostalgia y extrañeza en la casa. Se detiene en la foto de su difunta madre, que está en una especie de santuario improvisado, con vasos de agua, un rosario y una pequeña virgen al lado. La contemplación aparece como una contracara de la muerte.

La directora construye un contraste entre las hermanas definido inclusive por la vestimenta: Ana María está con su uniforme militar, un peinado recogido bien tirante, aspecto austero, mientras que su hermana está con colores vivos, aros grandes, un collar de cuentas blanco y rojo, que remite a la religión africana. La oposición se juega también entre el entierro de Fidel lleno de gente acompañando y el de la madre, austero y sin pompa. Entre la conjunción de hechos, acontece sin demasiadas mediaciones un rito de pasaje para Ana María, quien sale renovada de la visita.

Los diálogos son adecuados, acompañan sin invadir, aclaran sin sobreexplicar, un difícil equilibrio en la cinematografía actual. La fotografía y la aparición del color rojo hilvanando las escenas y dándoles nuevos significados son de destacar. Es una producción de un sincretismo particular, y con un poder condensador tal que bien podría su trama narrativa adaptarse a varias realidades latinoamericanas diferentes.

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