Alta Cumbia, por Gretel Najera

“La cumbia villera representó un momento en la Argentina, no lo puede negar nadie” se dice en un pasaje de Alta Cumbia (Cristian Jure, 2014), y así se muestra en todo el filme. En clave de ficción es narrado el surgimiento del subgénero musical cumbia villera en medio de la crisis de comienzo de siglo en la Argentina.

Para ubicar al espectador, la cumbia es un género musical asociado con Colombia en sus orígenes, con raíces vinculadas a los pueblos originarios, a los negros y en menor medida, a los conquistadores. A partir de los años 1940 la cumbia colombiana se expande al resto de América Latina y cada país va fusionando estos ritmos con otros locales. En el caso argentino, su propagación se produce particularmente en la región norte del país, con mayor influencia de los vecinos Bolivia y Paraguay. Con el advenimiento del peronismo (1946-1955) un gran caudal de población del norte del país comenzó a llegar a Buenos Aires y alrededores, dando lugar a una fuerte migración interna, rechazada por la oligarquía porteña que veia con muy malos ojos la instalación de esta población en la requintada ciudad. Junto con los migrantes internos, y años después, los inmigrantes de países limítrofes, llegaron costumbres y gustos musicales, y la cumbia se expandió en la ciudad, pero siempre vinculada con las clases populares o, al discriminatorio decir de las elites, los cabecitas negras. La cumbia se fue expandiendo poco a poco, y durante los años 1990 vivió una masificación de la mano de la televisión.

La situación social, política y económica de la Argentina durante fines de aquellos años no escapaba al del resto de Latinoamérica: profunda crisis, una desocupación que sobrepasaba el 25%, un Estado retraído y una nula perspectiva de cambio. Estas condiciones explotaron en diciembre del 2001, en el que un ciclo de huelgas, saqueos y estallido social obligaron al entonces presidente Fernando de la Rúa a renunciar y huir en helicóptero de la casa de gobierno.

En este marco social y político, las villas de emergencia crecieron radicalmente y las formas de expresión cultural en ellas también. La cumbia que otrora hablaba de amor y celos comenzó a teñirse de lo testimonial, comenzando a dar cuenta de la realidad que era vivida dentro de los barrios, poniendo en palabras la fe, la bronca, el papel de la policía, la presencia de la droga y la vida cotidiana de sus habitantes.

Alta Cumbia es una incisiva narrativa que va del documental a la ficción, y que relata los orígenes de la cumbia villera, a partir de testimonios y material de archivo, hilvanada por una ficción en la cual el Fanta (Martin Roisi) y el Negro (Pablo Antico) son convocados por un productor de dudosa reputación (Diego Cremonesi) para realizar un programa de televisión para España con el ojo puesto en la cumbia villera. El leit motiv del Fanta y del Negro es mostrar el fenómeno musical desde su perspectiva artística y sacarlo del eje estigmatizante al que se lo vincula, y en ese devenir van realizando entrevistas y revisando material, mientras esperan encontrarse con la estrella principal de la cumbia villera, Pablo Lescano, cantante de la mítica banca Damas Gratis y productor de otros grupos del género.

La producción cuenta con la participación de íconos del género, desde el mencionado Lescano, hasta Rubén “Pepo” Castiñeiras, -quien estaba preso al momento del rodaje-, o Hernán Coronel, el cantante de la banda “Mala Fama”, caracterizado en el filme como el “Discépolo de la cumbia villera”, en referencia al gran poeta del tango argentino, Enrique Santos Discépolo. Justamente es Coronel quien explica en términos musicales que la cumbia villera fusiona la base de la cumbia “vieja” con el son del tambor de las manifestaciones, una síntesis entre la tradición y la situación de la cual el ritmo da cuenta.

Alta Cumbia no es un documental en sentido estricto, como tampoco es estrictamente una ficción, más bien escapa a los rótulos, utilizando por momentos estética de video clip y por otros de road movie, jugando con la fantasía y la realidad. Al mismo tiempo, se desafía a contar la historia sin la impronta acusatoria con la que en general se ha mirado al fenómeno cumbia villera y poniendo en valor tanto las historias individuales como la palabra de sus protagonistas, desde las vivencias hasta la propia reflexión musical, mostrando, a contrapelo de los detractores del género, las decisiones estéticas que se encuentran detrás de las composiciones. Logra mostrar incluso la variedad a su interior, con sonidos que pueden ser más lentos y aletargados hasta las batidas más repetitivas o los agites casi punk de otras bandas.

Alta Cumbia tiene la potente característica de abordar de un modo novedoso un fenómeno que está en general rodeado de prejuicios y desvalorizaciones, al mismo tiempo que muestra que en la villa hay también poesía, arte e historias de vida.