argentina

La Pelota Que Sí Se Mancha – Argentina y su Fabrica de Fútbol, por Gretel Nájera

Argentina y su fábrica de fútbol es un documental con casi 10 años ya, pero cuya vigencia es abrumadora. Dirigido por Sergio Iglesias y estrenado originalmente en el 2007, recibió varios premios y sigue interesando a los festivales internacionales.

Tal como la sinopsis indica, la pregunta central que parece realizar el director es “¿cómo se fabrica una estrella de fútbol?”. Sin embargo, son pocas las escenas en que aparecen esas futuras estrellas, ya que el foco no está en mostrar a los jóvenes jugadores, sino en aquellos que conforman el espectro de los mercaderes del fútbol.

Las escenas iniciales de la película incitan a pensar en el vasto territorio argentino, con una sucesión de postales que van desde la llanura pampeana hasta la tierra roja misionera, desde las playas del Mar Argentino hasta la Puna. Paisajes contrastantes que tienen en común niños jugando al fútbol en potreros de todas las texturas, como el toque de poesía que el director consiguió para una película que tiene como centro la ilusión hecha mercancía por los adultos que orbitan alrededor de la pelota.

Las voces en off que acompañan esas imágenes iniciales son enumeraciones de los montos multimillonarios pagados por clubes internacionales, por pases de jugadores argentinos. Esto puede generar en el espectador la idea de que la película será una narrativa sobre el recorrido de esos jugadores. Sin embargo, el documental va más allá de esas experiencias particulares y se centra en recorridos de desconocidos, justamente jugando en ese punto con la idea de mercancía que rodea toda la mirada que se propone sobre el fenómeno. En este sentido, aparece la decisión del director de no concentrarse en los jugadores en sí, lo cual puede pensarse en relación al mercado, para el cual no importan los recorridos particulares y sí la generación de riqueza que se produce. El epicentro del documental no es entonces, como podría pensarse, la habilidad futbolística, la ilusión por la pelota, la inspiración del deporte o el valor del trabajo en equipo, sino, por el contrario, una especie de retrato o denuncia de lo que sucede detrás de bastidores entre cazatalentos, padres ambiciosos y clubes locales cuyo principal ingreso proviene de la venta de jugadores.

Según un informe del año 2013 de la empresa Euroaméricas Sport Marketing, el fútbol es la 12ª economía mundial, moviendo 700.000 millones de dólares anuales. Claramente el negocio va más allá de lo imaginable, y todo comienza en la fábrica de jugadores, en la producción de la mercadería a partir del descubrimiento de la materia prima, el diamante en bruto. Los contrastes aparecen nuevamente, desde los lugares más pobres salen los futuros jugadores, que generarán ganancias millonarias para clubes e intermediarios.

Proliferan los ejemplos de éxito especialmente en dos clubes que han exportado muchas estrellas, Boca Juniors y Estudiantes de La Plata. Resuenan los nombres de Juan Román Riquelme, Esteban Cambiasso, Juan Pablo Sorín, Fernando Gago, todos jugadores con carreras exitosas en el plano internacional. Esos nombres funcionan a la vez como llamadores para que los padres más reacios a dejar ir a sus hijos se aflojen, trabajo fundamental hecho por los cazatalentos, que buscan por todo el país chicos habilidosos para llevarlos a probar a las inferiores de los clubes con mayores recursos. Hay una cierta dosis paradojal en el retrato de estos mercaderes, ya que si bien su objetivo fundamental es convertir esa materia prima en mercadería valiosa, a la vez, precisan ocuparse de otros aspectos de los chicos, como la educación y la salud. En algunos momentos del documental esto se muestra como un aspecto positivo y de cuidado por parte de esta especie de tutores, mientras que en otros momentos puede pensarse como una cuestión utilitaria. Ayudan a esa paradoja el rescate de figuras como la de Ramón Maddoni, un prócer del mundo del fútbol infantil, quien refleja el interés en la persona del futbolista, recordando por ejemplo que Fernando Gago (actual jugador de Boca Juniors y ya convocado para la Selección Argentina) quiso dejar el fútbol porque pensó que no era para él, o los inicios de Juan Román Riquelme, cuando la potencia física no lo acompañaba como cuando se consagró en Boca Juniors para luego migrar al fútbol europeo.

Hilvanando las diversas experiencias que se van mostrando, Iglesias decide utilizar al tren como metáfora de los recorridos trazados. El tren, -que puede ser considerado un guiño en relación al cine en una especie de metalenguaje-, también es (y lo es esencialmente) un símbolo del progreso en tanto medio de transporte de mercaderías y, en otra de las paradojas que el director propone, metáfora del desarraigo y la soledad. Las imágenes de los trenes en Argentina y en España, ponen en un plano comparativo esas experiencias y construyen una poética de esas barreras que el destierro va delimitando.

Sin dudas Argentina y su fábrica de fútbol trae a la pantalla grande una mirada relevante sobre un fenómeno que no se presenta aislado, sino que es un eslabón de un sistema internacional, en tiempos en los que las cúpulas de la FIFA, de la CBF, de la AFA están siendo investigadas por corrupción y en el que los jugadores comienzan a revelarse frente a esos manejos espurios.

Comments

comments

Posted in Ensaios.